En estos días, los bosques secos tropicales del Ecuador se visten de amarillo por el florecimiento de los guayacanes, lo que ocurre muy pocos días, cada año. Aunque en la época seca pierden todas sus hojas, dando la impresión de ecosistemas semi desérticos, la flora de los bosques secos ecuatoriales es de singular importancia a nivel global.
En el pasado cubrieron la mayor parte de la zona costera ecuatoriana, pero lamentablemente quedan pocas manchas de estos bosques en buen estado de conservación. En estos ecosistemas se asentaron los pueblos con la más antigua presencia continua del país, como las comunidades Valdivia, Machalilla, Chorrera, Jama Coaque y otras.
En el Ecuador, la mayor parte de los bosques secos se encuentran en la Costa, aunque también se desarrollan en los valles interandinos, pero sobre todo en Loja. Los bosques secos del Ecuador están entre los ecosistemas más amenazados a nivel mundial. Se calcula que quedan entre el 1 a 5% de la cobertura original. Dado el alto endemismo y la tasa acelerada de degradación y desaparición, los bosques secos tropicales son considerados como una prioridad de conservación a nivel mundial1.
La expansión de los monocultivos, especialmente de maíz y últimamente de pitahaya; así como una inusitada expansión inmobiliaria, están poniendo en peligro estos maravillosos ecosistemas, vitales para la regulación hídrica regional.
La distribución y cantidad de lluvias son factores limitantes de estos bosques, por lo que se les considera como “ecosistemas frágiles”. Reciben alrededor de 80% de la precipitación durante cuatro meses, a lo largo de los cuales la media de precipitación puede sobrepasar con creces 200 mm por mes. En el otro extremo, el periodo de sequía se prolonga entre 5 a 6 meses al año. Durante este periodo la precipitación rara vez supera 10 mm mensuales, creándose un déficit de agua que determina las características tan especiales de estos bosques: la mayoría de planta pierde estacionalmente sus hojas.
Debido a su fragilidad e importancia ecológica, estos bosques son uno de los ecosistemas protegidos por la Constitución del Ecuador2.
Los bosques secos tropicales del Ecuador pertenecen a la llamada “Región Tumbesina”, una zona de alto endemismo, donde habitan organismos que habitan exclusivamente estas zonas3. Según la UNESCO4 los bosques secos ecuatorianos poseen una de las poblaciones de aves endémicas más grandes de Sudamérica: en el área se han registrado 51 especies de aves que sólo existe ahí; 15 especies de árboles y arbustos, y tres de mamíferos, además de otras especies emblemáticas como el cocodrilo de tumbes (Cocodrylus acutus), y el mono aullador de la costa (Alouatta palliata).
Una nueva amenaza es la construcción de la cárcel del Encuentro en el corazón de los bosques secos de Santa Elena, una obra que implica, a más del complejo carcelario (de aproximadamente 37 hectáreas)5, la construcción de sistemas sanitarios para la evacuación de aguas grises y negras que si están mal diseñados pueden contaminar los sistemas hídricos locales, las vías de comunicación, el alojamiento para el personal de planta y de los parientes de los reclusos, y otra serie de servicios necesarios para su funcionamiento; creando un complejo sistema que hará imposible la consecución de los derechos de estos bosques, al mantenimiento y regeneración de su funciones y estructura; y de sus procesos vitales y evolutivos, como lo manda el Art. 71 de la Constitución.
La destrucción de estos bosques para dar paso a otras formas de uso de la tierra, significa la destrucción de formas de vida que es el producto de procesos evolutivos y de adaptación, los que han permitido que estos bosques se desarrollen bajo condiciones climáticas tan limitantes.