TENEMOS MAS BACTERIAS QUE ESTRELLAS TIENE EN FIRMAMENTO

Y apenas empezamos a conocerlas

Reseña hecha por Naturaleza con Derechos

Tenemos más células bacterianas que células humanas; tantas, que superan las estrellas del firmamento. Pero la mayor parte no las conocemos, pues la mayoría de estudios de la microbiota humana, se basa en estudios hechos en poblaciones occidentales, ricas y blancas. Por eso, en 2010 dos científicos del MIT: Mathilde Poyet y Mathieu Groussin se propusieron estudiar la microbiota de poblaciones humanas que no pertenecen a ese grupo.

En nuestros cuerpos hay más bacterias —en la piel, dentro de la nariz, en los intestinos, en la boca y alrededor de los genitales— que estrellas en la Vía Láctea. Estos microorganismos han evolucionado junto y dentro de nosotros. Hay muy pocos procesos o sistemas biológico en el que no desempeñen algún papel importante. Influyen en nuestros sistemas digestivos e inmunitarios. Influyen en el tamaño y la forma de nuestros cuerpos. Afectan nuestros cerebros, estados de ánimo, personalidades y comportamientos. Y, sin embargo, la mayoría de ellos aún no han sido identificados, y mucho menos estudiados.

Es así como los científicos se propusieron recolectar la mayor cantidad posible de muestras de microbioma de la mayor cantidad posible de comunidades diversas en la mayor cantidad posible de partes del mundo, y luego recoger información sobre cualquier factor que pudiera estar afectando sus ecosistemas microbianos internos, incluidas su dieta y su forma de vida.

Los científicos del MIT fueron a Nepal e Irak, Tailandia y Malasia, Ruanda y Tanzania y últimamente a Paraguay. En 2024, su laboratorio albergaba uno de los repositorios de bacterias vivas más grandes y diversos del mundo. Lo llamaron Global Microbiome Conservancy (Conservación Global del Microbioma).

El rescate microbiano puede sonar raro. “Salvemos la E. coli” no suena igual que “salvemos a las ballenas”. Pero los microorganismos se enfrentan a tantos peligros como cualquier mamífero carismático.

Los científicos han encontrado que el microbioma no es una entidad fija. Varía tanto entre diferentes personas y lugares que ni siquiera conceptos básicos como “sano” o “enfermo” son universales. Ellos construyeron un modelo estadístico capaz de predecir con precisión si una persona de Estados Unidos, Canadá o Europa Occidental está sana o enferma basándonos en la composición de su microbioma intestinal; pero cuando se aplica ese modelo a personas que viven en cualquier otra parte del mundo, falla por completo. Esa variación no es una mera curiosidad; es la clave para entender cómo influimos en nuestros microbiomas, cómo nos influyen ellos a nosotros y qué significa esa relación para la salud humana.

En sus estudios han descubierto que los microbios se comunican entre sí de formas que afectan directamente a su capacidad de sobrevivir. Los científicos saben desde hace tiempo

que las bacterias son promiscuas con su ADN, ya que lo transmiten no solo a su descendencia, sino también a vecinos aleatorios, del mismo modo que los humanos intercambian chismes, a través de un proceso conocido como “transferencia horizontal de genes”.

De acuerdo a Poyet y Groussin en un artículo de 2021 publicado en la revista científica Cell, estos intercambios son más frecuentes de lo que se pensaba. Las bacterias intestinales pueden adquirir hasta 100 genes nuevos por año en promedio.

Además, parece que estos intercambios tienen fines específicos. En comunidades donde se consume mucha fibra, intercambian más genes relacionados con la descomposición de la fibra. En lugares donde el uso de antibióticos es especialmente elevado —por ejemplo, donde los ganaderos tratan al ganado con antibióticos—, intercambian más genes de resistencia a los antibióticos. Y en las ciudades, donde la gente vive más cerca unos de otros, intercambian más genes que les ayudan a propagarse entre las personas.

El impacto de estos intercambios en sus huéspedes humanos depende totalmente de los microorganismos en cuestión. La contagiosidad y la resistencia a los antibióticos son negativas cuando ayudan a que prosperen las bacterias equivocadas. Pero cuando estos mismos rasgos se transmiten a cualquiera de los innumerables microbios que promueven y protegen la salud humana, son una ventaja.

Este diálogo microbiano también varía según el entorno humano en el que se desarrolla. En las comunidades no industrializadas —esas que carecen de agua corriente en casa, tienen pocos antibióticos y cuentan con pocos alimentos procesados—, los microbiomas humanos suelen ser robustos y diversos, y su actividad es relativamente tranquila. En las comunidades industrializadas, parecen más frenéticos. Los microorganismos no solo intercambian más genes y más rápido; también provocan respuestas más intensas en sus huéspedes humanos, como más señales de estrés y más inflamación.

Si imaginamos el intestino humano como un barrio poblado por una mezcla de células microbianas y humanas, los barrios afectados por la industrialización parecen caracterizarse por una mayor discordia. Los vecinos se pelean más (y más fuerte); la policía responde con mayor fuerza, a veces de forma precipitada; y los propios microbiomas parecen estar en declive. Con cada nueva generación, hay menos bacterias —y, lo que es quizás más importante, menos tipos de bacterias— que residen allí. Esta disminución es tan grande que, en las sociedades occidentales, incluso los microbiomas de las personas sanas pueden parecerse a los de quienes padecen enfermedades crónicas.

De acuerdo a Groussin, “las bacterias que parecen beneficiosas en un contexto pueden ser neutras o incluso estar relacionadas con enfermedades en otro… también vemos microbiomas enteros que parecen enfermos, pero que resultan estar perfectamente adaptados a sus entornos específicos”.

Y señalan la importancia de que se generalice el conocimiento científico sobre el rol que juega el microbioma en nuestras vidas, y cómo nuestros propios estilos de vida los modulan.

Fuente:

Jeneen Interlandi. 12 de julio 2026. Las bacterias del cuerpo tienen un lenguaje. Apenas empezamos a entender lo que dicen. Aunque el microbioma humano desempeña un papel fundamental en nuestra salud, sigue siendo un territorio poco conocido. Dos investigadores buscan revelar sus secretos. The New York Times

https://www.nytimes.com/es/2026/07/12/espanol/ciencia-y-tecnologia/microbioma-intestinal-salud.html?campaign_id=42&emc=edit_bn_20260715&instance_id=178745&nl=el-times®i_id=157638884&segment_id=223118&user_id=48041e92b19c9b4324d383362aab1f95

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