BOLETÍN 56. LOS PREMIO NOBEL Y PROMOCIÓN DE LA BIOLOGÍA MOLECULAR

Naturaleza con Derechos

Octubre es la temporada de los Premio Nobel, y aunque mucha de la atención del público se centra en el Premio Nobel de la Paz, que este año fue otorgado, de manera muy merecida, a la jueza sudafricana Navy Pillay, poca atención se presta mucha atención a otras categorías, y sus implicaciones.

El objetivo de los Premios Nóbel es premiar a personas que han hecho investigaciones sobresalientes, inventado técnicas o equipamiento revolucionario o hayan hecho contribuciones notables a la sociedad.

En el caso de las ciencias de la vida, a lo largo de los años, el Nóbel ha premiado a muchas de las innovaciones científicas que condujeron al desarrollo de la biología molecular y la ingeniería genética. Uno de los primeros Premio Nobel que inician esa tendencia fue el premio otorgado a James Watson y Francis Crack, quienes propusieron un modelo de estructura del ADN lo que dio nacimiento a la biología molecular moderna. La biología molecular nace en los años de la Guerra Fría, con el fin de tratar a las ciencias biológicas como ciencias exactas, especialmente lo que tiene relación con la genética.

De los 34 premios concedidos que siguen esa tendencia, 27 pertenecen al ámbito de la Fisiología o Medicina, 6 a la Química y 1 de la Paz y, a su vez, de los 72 científicos galardonados, 59 corresponden a premios de Fisiología o Medicina, 12 de Química y 1 de la Paz. Otros ejemplos, aunque no todos, incluyen a:

En 1968 Gobind Khorana obtuvo el premio por su contribución a elucidar el código genético; cómo los genes son traducidos en proteínas y enzimas estructurales. Más tarde el laboratorio de Khorada lideró la primera síntesis completa de un gen en una célula viva, que significó los fundamentos de la industria biotecnológica.

David Baltimore descubrió en 1970 la transcriptasa reversa, una enzima que cataliza la conversión de ADN en ARN lo que facilitó el trabajo de la ingeniería genética, la base de la biotecnología moderna. El obtuvo el Premio Nóbel en 1975 por su descubrimiento. Más tarde, el trabajó con vectores de retrovirus, que es el fundamento de la terapia génica, y la “segunda generación” biotecnológica.

En 1987 se otorgó el premio a Susumu Tonegawa por su trabajo en el estudio de las bases genéticas del sistema inmunológico, lo que ayudó a los científicos a controlar y manipular el sistema inmunológico, lo que sirvió de base para toda una gama de terapias muchas de las cuales se derivaron en biotecnología.

En 1993 Phill Sharp ganó este premio por sus estudios sobre el funcionamiento y estructura básica de los genes y el rol del ARN en la síntesis de proteínas. Estos trabajos significaron un paso muy importante para el posterior “revolución biotecnológica” al desentrañar la manera por la cual se arregla y reproduce el ADN. El es además co-fundador de Biogen Inc. Empresa biotecnológica con base en Gland Suiza.

En el 2001, el profesor Hunt del Imperial Cancer Institute fue galardoneado por sus descubrimientos de reguladores clavas en el ciclo celular.

En el 2007, los ganadores fueron Mario R. Capecchi, de Universidad de Utah, Oliver Smithies de la Universidad de Carolina del Norte y Evans de la Universidad de Cardiff (este último nombrado como Sir por su reina) por su trabajo con ratones transgénicos.

El Premio Nobel de Química 2020 que se le entregó a las dos científicas que desarrollaron la tecnología CRISPR o tijeras genéticas, con la que se trabaja la mayoría de investigaciones de edición génica.

Los galardonados del Premio Nobel de Química 2024 fueron David Baker, profesor de la Universidad de Washington junto con Demis Hassabis y John Jumper, dos científicos de Google DeepMind, compañía de desarrollo de inteligencia artificial de Alphabet Inc., empresa matriz de Google. Sus descubrimientos pueden alterar la concepción de lo que es la vida en y entregar su control a las grandes corporaciones digitales y de biología sintética a través de la inteligencia artificial. presentaron un modelo de inteligencia artificial llamado AlphaFold2, que les permite predecir la estructura de prácticamente todos los 200 millones de proteínas que los investigadores han logrado identificar. Es notorio que el premio de química de ese año haya sido para científicos corporativos.

Sobre el Premio Nobel de Medicina 2026, que se lo resume como “el revolucionario avance que permite controlar la actividad neuronal -activar o silenciar neuronas- con luz”, fue otorgado a Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel, quienes ganaron por “su trabajo en los canales iónicos activados por la luz y desarrollar la optogenética, una técnica que permite controlar neuronas con precisión de milisegundos mediante pulsos de luz”.

La optogenética convierte la luz en un interruptor que actúa sobre neuronas seleccionadas y permite comprobar, con precisión temporal, cómo un circuito específico interviene en una función del organismo. Con ingeniería genética se puede introducir en las neuronas en las que se quiere intervenir, un interruptor de luz que puede pender o apagar la neurona. Podría decirse que se puede “hackear el cerebro humano”.

El cerebro humano opera a través de miles de células nerviosas llamadas neuronas, las cuales se comunican entre si mediante impulso eléctricos y químicos combinados. La farmacología ha desarrollado fármacos para controlar estas interacciones, pero con poca especificidad. La optogenética dice ser específica.

El origen genético del trabajo de los galardonados Peter Hegemann y Georg Nagel se hizo con algas verdes (que necesitan orientarse hacia la luz para sobrevivir) identificando la proteína canalrodopsina, sensible a fotones de luz. Estas proteínas funcionan como interruptores para el paso de iones en las células; son como compuertas que se abren en contacto con el fotón de luz hacia la célula.

A continuación, se introdujo la proteína en tejido neural de mamíferos con el uso de vectores virales. Las neuronas transgénicas empezaron a sintetizar canalrodopsina y de esa manera adquirieron estos interruptores lumínicos. El siguiente paso fue someterlas a luz láser, con una longitud de onda muy específica, para estudiar su comportamiento.

Se dice que esta tecnología permite activar o inhibir grupos exactos de neuronas para estudiar cómo influyen en el movimiento, la memoria, el sueño, las emociones y la conducta. Es importante señalar que hasta el momento, ninguna de estas tecnologías de manipulación molecular es exacta; puesto que se trabajan con células vivas que mutan, migran, se reproducen, a lo que se añade que hay una gran cantidad de vacíos en el conocimiento sobre el comportamiento celular y de la genética.

En principio se dice que esta tecnología va a facilitar la investigación de enfermedades neurológicas y psiquiátricas complejas (como trastornos afectivos o el autismo), recuperar funciones como la visión y entender cómo funcionan los recuerdos… pero también pueden darse aplicaciones muy peligrosas, pues se ha abierto una puerta para manipular el comportamiento humano.

Varios de los galardonados con el Premio Nóbel son promotores y defensores de la biotecnología aplicada a la agricultura. Talvez el más conocido y el ejemplo más utilizado por la industria biotecnológica sea Norman Borlaug, Premio Nóbel de la Paz 1970, padre de la revolución verde, quien ve en la biotecnología agrícola una segunda revolución verde, sin hacer ningún análisis crítico de los impactos que ya causó la primera.

En el 2005, un grupo de científicos – incluyendo 25 ganadores del Nóbel- redactaron una declaración para apoyar la agrobiotecnología. A esto se suma la carta de 2016 firmada por varios premios nobel (incluyendo de la Paz), escribieron una carta donde daban su apoyo a los cultivos transgénicos y pedían la puesta en el mercado del arroz transgénico llamado “arroz dorado”.

En contraste, en un grupo de científicos liderados por Ana María Primavesi, Andrés E. Carrasco, Elena Álvarez-Buylla, Pat Mooney, Paulo Kageyama, Rubens Nodari, Vandana Shiva y Vanderley Pignati pidieron al Papa Francisco en 2014 que se Papa se posicione críticamente sobre los transgénicos. En la carta dijeron:

Quienes firmamos esta carta somos científicos y expertos que hemos investigado el tema por décadas, dedicando gran parte de nuestras vidas profesionales a ello, por lo que conocemos el tema en profundidad en sus diversos aspectos: como biólogos, agrónomos, genetistas, físicos y otras áreas. Algunos de nosotros somos responsables de haber planteado por primera vez, en el mundo, el debate público sobre estos cultivos y sus implicaciones. También procuramos apoyar con nuestros conocimientos científicos a diferentes movimientos campesinos en nuestros países y en el mundo, como la Vía Campesina

El tema de los transgénicos no es solamente un debate científico y técnico, tiene además fuertes ramificaciones económicas y políticas. Sin embargo, muchos científicos que defienden los cultivos transgénicos ocultan la mayoría de sus problemas e incertidumbres científicas, así como el hecho de que con los transgénicos, las grandes corporaciones de agro-negocios avanzan hacia el control absoluto del sistema agroalimentario.

Referencia:

América Latina en Movimiento (2014). Científicos piden al Papa se posicione críticamente sobre los transgénicos.

Lacadena Calero J.R. (2007). La tecnología knock-out, Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2007.

Nodari R. O. y Guerra M.P (2004). Bioseguridad de las plantas transgénicas. En: CIESPAL. Los transgénicos en América Latina. Un debate abierto.

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