Según los expertos, las leyes y políticas públicas vigentes se basan en estudios de toxicidad aplicados exclusivamente a la Apis mellifera —la abeja más utilizada en la producción de miel—, ignorando el impacto de estos productos en las especies de abejas sin aguijón, fundamentales para la polinización de cultivos y ecosistemas naturales.
Carolina Fioratti – Jornal da Unesp
Las abejas melíferas (Apis mellifera) son las especies más importantes del Planeta. Al menos, eso es lo que afirma el Instituto Earthwatch, una organización ambiental con más de 50 años de experiencia. Esta distinción no es casual: estos pequeños insectos cumplen funciones ecológicas fundamentales para la producción agrícola, trabajando arduamente para transferir granos de polen de una flor a otra y, de esta manera, aumentar la productividad de los cultivos.
A pesar de su reconocida importancia, durante la polinización, las abejas se exponen frecuentemente a los pesticidas que se aplican a los cultivos para combatir las plagas. Al entrar en contacto con estos químicos, las abejas terminan transportando estos productos tóxicos a los panales, lo que puede provocar la muerte de colonias enteras.
En Brasil, las abejas melíferas (Apis mellifera, producto del cruce entre especies europeas y africanas) están protegidas por la legislación vigente; es decir, existen normas sobre la aplicación de pesticidas que protegen a la especie y minimizan los efectos nocivos de estos productos. Sin embargo, las abejas sin aguijón (meliponinas), que son nativas, no cuentan con protección directa y, lamentablemente, son las más afectadas por los pesticidas.
Las abejas melíferas son conocidas, por su polinización, por su capacidad para producir miel en grandes cantidades. La apicultura ofrece ventajas a los pequeños productores, quienes pueden obtener ingresos incluso con una pequeña colmena. La inversión y el trabajo son mucho menores en comparación, por ejemplo, con los costos y el esfuerzo que implica la producción ganadera. Sin embargo, aunque rentable, se trata de una producción frágil: el contacto de estas abejas con pesticidas puede matar colmenas enteras, dañando el ecosistema y la economía.
Las abejas sin aguijón también producen miel, pero en cantidades mucho menores que la variedad introducida en el país. Por ello, su producción de miel se considera escasa y suele llegar al consumidor a un precio más elevado, una característica que puede ser de gran valor para los productores de abejas nativas. Más allá del aspecto económico, los polinizadores locales destacan por su labor en cultivos de menor tamaño cultivados en invernaderos, como pimientos, tomates y fresas.
Otra característica importante es su disposición a polinizar plantas nativas, lo que las hace esenciales para el mantenimiento de la biodiversidad local. Este vínculo establecido con especies vegetales nativas implica que estos insectos voladores también se utilizan en proyectos de regeneración forestal en zonas degradadas. Se pueden observar iniciativas de este tipo en algunas zonas mineras que permanecen activas durante décadas y que, al ser desactivadas, necesitan someterse a procesos de reforestación.
Sin embargo, al entrar en contacto con pesticidas aplicados a los cultivos, las abejas pueden intoxicarse y poner en riesgo todos estas funciones ambientales. Esta intoxicación puede ocurrir por ingestión o contacto directo con el producto, y una vez que los insectos regresan a las colmenas, terminan propagando el veneno a través de interacciones sociales como la limpieza mutua, la trofalaxia (proceso de alimentación) o el contacto con la cera (una sustancia secretada por las abejas obreras para construir los panales).
El estudio publicado por Isabella de Castro Lippi (1) refuerza que los plaguicidas afectan a las abejas melíferas (Apis mellifera) y a las abejas sin aguijón de maneras diferentes, ya que estas especies presentan distintos tamaños corporales, actividades de vuelo y comportamientos estacionales. Las abejas sin aguijón recolectan, por ejemplo, hojas y barro para construir sus nidos, mientras que las abejas melíferas producen panales en la colmena. Por lo tanto, los investigadores advierten que también es necesario considerar las vías de exposición de las abejas al analizar los riesgos de la contaminación por plaguicidas. «Cuando pensamos en las abejas sin aguijón, debemos tener en cuenta el suelo cercano que puede contaminarse. El insecto puede terminar recolectando resina de un árbol cercano o de sus hojas, lo que hace necesario ampliar el alcance de la evaluación de riesgos antes de aplicar plaguicidas», ejemplifica Lippi.
El estudio publicado por los investigadores considera 24 especies de las mpas de 300 especies de abejas nativas que hay en Brasil. Es una revisión sistemática y no se realizaron experimentos de toxicidad adicionales para demostrar los efectos negativos de los plaguicidas en las abejas sin aguijón.
La legislación brasileña no contemplaba a las abejas sin aguijón
Desde 2017, las empresas productoras de plaguicidas en Brasil deben cumplir con la Instrucción Normativa (IN) n.º 2 del IBAMA. Este documento establece directrices, requisitos y procedimientos para evaluar los riesgos de los plaguicidas activos en los polinizadores.
Para ello, los investigadores tuvieron que llevar a cabo procedimientos estandarizados para demostrar los riesgos de contaminación exclusivamente para Apis mellifera. Se eligió la abeja melífera como modelo, porque es endémica de diferentes partes del mundo y, por consiguiente, permite la estandarización de los estudios. Los protocolos presentados por los científicos son aprobados o rechazados por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), un foro internacional que reúne a 38 países y apoya a los gobiernos en la evaluación y mitigación de los riesgos de los plaguicidas agrícolas.
En Brasil se está desarrollando un protocolo para la aplicación de la nueva legislación que incluye a las abejas sin aguijón. Sin embargo, el proyecto está estancado debido a la dificultad de realizar la prueba de anillo, un procedimiento en el que varios laboratorios alrededor del mundo realizan la misma prueba de toxicidad para identificar el problema y, de esta manera, es posible llegar a una conclusión estandarizada. “Entre la existencia del protocolo y su estandarización y registro ante la OCDE, transcurren años. Para registrarlo, es necesario contar con varios países con el mismo interés, y existe el obstáculo de que estas especies se encuentran principalmente en el hemisferio sur, pero no en otras regiones del mapa”, explica Roberta Nocelli, investigadora de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), en el campus de Araras.
Nocelli, quien participa en el desarrollo del nuevo protocolo, también menciona un segundo problema que ha perjudicado no solo la biodiversidad, sino también la salud de la población debido al uso inadecuado de plaguicidas en Brasil. Se trata del Proyecto de Ley 1459/2022, aprobado en 2023, que redujo las facultades de los organismos reguladores y flexibilizó el registro de estos productos. “Antes, para registrar un plaguicida, se requería la aprobación de tres agencias federales: el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento para analizar la eficacia agronómica; ANVISA, a través del Ministerio de Salud, para evaluar la seguridad para la salud humana; e Ibama, a través del Ministerio de Medio Ambiente, que analizaba la seguridad ambiental”, explica la investigadora. “Actualmente, las agencias realizan la evaluación, pero no tienen poder de veto. Entregan los datos al Ministerio de Agricultura, que decide unilateralmente sobre la aprobación”.
Nocelli trabaja en colaboración con Osmar Malaspina, investigador del Instituto de Biociencias de la Unesp, en el campus de Río Claro. Malaspina lleva investigando el impacto de los plaguicidas en las poblaciones de abejas desde mediados de la década de 2000, y ya ha sentado las bases para la creación de políticas públicas sobre el tema. A través de sus proyectos de investigación, los científicos han influido en los debates sobre el uso del fipronil en los cultivos. Este es un plaguicida altamente tóxico para el medio ambiente que causa alteraciones en el sistema nervioso central de los insectos.
En 2024, el IBAMA (Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables) suspendió, como medida de precaución, la aplicación de fipronil mediante pulverización foliar en toda la zona, es decir, sin aplicarlo al suelo ni a las plantas. Otros países como Colombia, Uruguay, Costa Rica, Vietnam, Sudáfrica y toda la Unión Europea ya prohíben el uso de este plaguicida en sus territorios. A pesar de este logro, los investigadores recalcan que es importante considerar esta medida como un pequeño paso hacia la solución de un problema grave, ya que la suspensión no equivale a la prohibición. Además, se encuentra fácilmente en tiendas de insumos agrícolas y puede utilizarse en explotaciones agrícolas o incluso en el hogar sin restricciones.
Malaspina, sin embargo, considera que la actual situación de mortalidad de abejas y las campañas de concienciación de los investigadores ya están generando cambios en el sector. Varias empresas están produciendo bioinsumos: productos que utilizan organismos o extractos naturales para combatir plagas, enfermedades y malezas. “Las empresas se han dado cuenta de que si siguen utilizando insecticidas, pagarán un precio muy alto más adelante”, afirma el profesor.
Y los esfuerzos no deben cesar: Malaspina y Nocelli forman parte de PollinERA, un proyecto internacional financiado por la Unión Europea cuyo objetivo es realizar el mayor estudio sobre la sensibilidad a los plaguicidas en insectos polinizadores (no exclusivamente abejas). El trabajo del grupo generará desde artículos científicos que contribuyan al conocimiento en este campo hasta nuevos protocolos para la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).
Se espera que surjan constantemente nuevos estudios en este ámbito, tanto a nivel nacional como internacional, para respaldar las políticas públicas y proteger a las abejas y a toda la biodiversidad. «Aunque hemos dado un paso atrás en materia de legislación, hemos avanzado mucho en cuanto a la generación de conocimiento», afirma Nocelli.
Notas:
(1) de Castro Lippi I. et al (2026). Beyond honey bees: Stingless bees exhibit greater sensitivity to pesticides with implications for risk assessment. Pesticide Biochemistry and Physiology Volume 217, February 2026, 106837