El discurso oficial sostiene que la digitalización reduce el uso de materiales y las emisiones de carbono; que es una economía desmaterializada y descarbonizada, porque se reducción la producción y el uso de materiales físicos, así como de la construcción de instalaciones, reduciendo así la presión sobre los recursos y ayudando a abordar la crisis climática.
Sin embargo, los datos, que son la materia prima de la digitalización, no son etéreos ni inofensivos. Requieren el uso intensivo de recursos, están hechos de arena, agua, carbón y productos químicos nocivos que generan desechos tóxicos.
Para fabricación de chips semiconductores, el componente básico de todo lo digital y electrónico, se requiere arena de sílice puro, cuarzo y agua ultrapura, que provienen del extractivismo mineral y del agua; además de otros minerales como litio, el níquel, el cobalto, el manganeso y el grafito. Se usan para fabricar las baterías que alimentan los dispositivos electrónicos y digitales, los drones y vehículos eléctricos, y para almacenar energía renovable. Las baterías proveen energía a los teléfonos móviles, tabletas y computadoras portátiles, a robots, drones, tractores no tripulados y vehículos eléctricos.
El consumo de agua en la fabricación de semi-conductores, en particular microchips, también compite directamente con la producción agrícola, como se demostró con la prioridad que disfrutaron los principales fabricantes de chips del mundo sobre las áreas agrícolas de Taiwán durante la sequía de 2021.
Los datos se almacenan en las llamadas “nubes” o data centers, que requieren un suministro ininterrumpido de agua fría para evitar que los servidores se sobrecalienten. Están compuesto por miles de filas de servidores y dispositivos electrónicos dispuestos en grandes terrenos techados.
Muchas ciudades de Estados Unidos, donde actualmente se encuentran una cuarta parte de los data centers del mundo, están preocupadas por su suministro de agua, especialmente en el oeste del país que se enfrenta a una crisis hídrica.
El boom de la inteligencia artificial ha propulsado la explotación de territorios y en el lecho marino y se explora la posibilidad de hacer minería en los asteroides en busca de estos minerales.
La proliferación de tecnologías digitales genera montañas enormes de desperdicios electrónicos, una gran cantidad de los cuales son exportados al Sur Global donde químicos como el mercurio o los retardantes de llama se liberan en el ambiente, afectando severamente la salud de los trabajadores y las comunidades expuestas.
Operar los centros de datos y transmitir datos a través de las redes también implica un consumo masivo de combustibles fósiles. La Agencia Internacional de Energía estima que los centros de datos y las redes de transmisión de datos a nivel mundial representaron entre el 2 – 3% del uso global de electricidad en 2022. Todo el continente africano consumió aproximadamente la misma cantidad de electricidad en el mismo año[1].
Lejos de ser una solución para el cambio climático o descarbonizar la producción, las emisiones de CO2 aumenta con la rápida adopción de la digitalización. En 2023, Microsoft anunció que sus emisiones aumentaron un 29% respecto a 2020. Google se vio obligado a hacer público en 2024 que sus emisiones de carbono aumentaron un 48% respecto a 2019.
Otro componente de la digitalización incluye toda la infraestructura necesaria para la transmisión de datos de ida y vuelta[2], la que depende en gran medida de la energía, el agua y la tierra para funcionar.
Toda información transformada en datos y transmitida digitalmente de un dispositivo a otro recorre un camino sustentado por una infraestructura que extrae recursos, requiere mucha mano de obra y es destructiva para el medio ambiente, integrada en regímenes económicos, políticos y legales.
Los datos transmitidos a través de internet se convierten en electricidad, son interpretados por el ordenador receptor y descompuestos en paquetes que se transportan a través de una red. El tráfico de datos se basa en tecnologías que implican la construcción e instalación de una constelación de infraestructura física, que abarca:
- cables submarinos y terrestres que transmiten datos
- estaciones de amarre de cables (CLS) que sirven de puente entre los sistemas marinos y terrestres
- centros de datos que almacenan, gestionan y procesan datos
- satélites que transmiten y amplifican datos mediante ondas de radio o láseres
- torres y postes que conectan a los usuarios con el sistema.
Los cables submarinos (que son invisibles para la mayoría de personas) son responsables de transmitir el 95% del tráfico mundial de datos, y se consideran la columna vertebral de internet. Cruzan el planeta bajo el agua, la longitud total de cables submarinos activos en todo el mundo en 2025 era de 1,5 millones de kilómetros (km). Del tráfico global de datos, al menos el 95% pasa por cables submarinos de fibra óptica.
En 2024 se instalaron aproximadamente 200.000 km de cables submarinos nuevos y se cree que esta cifra aumentará en los próximos años. Esta red global, tendida en el lecho marino en zonas profundas y enterrada en zonas poco profundas, podría dar 37,5 vueltas al ecuador terrestre, sin que exista ninguna autoridad multilateral que las supervise o regule.
Los satélites transmiten solo alrededor del 5% de los datos globales, principalmente a zonas rurales y remotas con servicios insuficientes o inaccesibles mediante conexiones terrestres. Los satélites emiten y amplifican señales, transmitiendo y retransmitiendo datos mediante ondas de radio o láseres para enlaces de alta velocidad dirigidos a estaciones repetidoras terrestres.
Los transpondedores a bordo de estos satélites transmiten y procesan datos, y luego los transmiten a la Tierra en diferentes frecuencias mediante antenas. A nivel mundial, la industria satelital se ha transformado, con el auge de las empresas privadas dando paso a un nuevo ecosistema satelital que ahora incluye startups, universidades y un número cada vez mayor de gobiernos participantes.
Toda esta infraestructura consume grandes cantidades de energía agua y materiales, y genera grandes cantidades de desechos tóxicos y peligroso.
Todos estos impactos aumentarán de manera exponencial, dado el impulso que se está dando a la inteligencia artificial.
Bibliografía
Agencia Internacional de Energía, “Data Centres and Data Transmission Networks” https://www.iea.org/energy-system/buildings/data-centres-and-data-transmission-networks#
Chowdhry K. y Dano N. (2026). Digital infrastructure in AfricaDeconstructing the myth of dematerialisation and unveiling corporate power. African Centre for Biodiversity.
Grupo ETC (2024). Detrás de las nubes impactos ambientales de la digitalización. Comunicado 119.
[1] Agencia Internacional de Energía, “Data Centres and Data Transmission Networks” https://www.iea.org/energy-system/buildings/data-centres-and-data-transmission-networks#
[2] Este texto está basado en: Chowdhry K. y Dano N. (2026). Digital infrastructure in AfricaDeconstructing the myth of dematerialisation and unveiling corporate power. African Centre for Biodiversity.